Los detectives salvajes.

Por: Diego Enrique Osorno 


Marcella Sally Grace Eiler murió “a causa de un choque hipovolémico secundario a hemorragia interna por laceración de corazón producidos por instrumento punzocortante”, según escribe el doctor Anselmo Baruch en el informe necrológico. Y si hubiera anotado que la mataron a machetazos, también estaría en lo correcto y se entendería mejor la atrocidad.
Unos perros llevaban algunos días ladrando cerca de la casa de un comunero. No fue si no hasta la mañana del 24 de septiembre, cuando éste decidió averiguar por qué no paraban de hacerlo. Conforme el sonido lo acercaba a una cabaña de las cercanías, el hedor se hacía insoportable. Felipe supuso que algún animal putrefacto era la razón del alboroto.
“Felipe Reyes Pérez reportó que localizó el cadáver de una persona del sexo femenino de aproximadamente 28 a 30 años de edad, de tez blanca, con tatuajes en la mayor parte del cuerpo, quien vestía chamarra negra y presentaba heridas cortantes en diversas partes del cuerpo, cuyo cuerpo (sic) fue encontrado abandonado en una cabaña de la comunidad, al parecer se trata de una persona de nacionalidad extranjera (sic)”, se asienta en el expediente policial 310/II/2008 de la procuraduría de Oaxaca.
San José del Pacífico -el lugar donde asesinaron a Sally- es un pueblo enclavado entre nubes y árboles enormes. Desde hace unos años es considerado una especie de tesoro oculto en medio de la contrastante realidad social de la sierra sur de Oaxaca. Viajeros llegados de otros lugares de México y del mundo, han tratado de crear ahí una vida comunitaria regida por el amor y la paz.
Originaria de Arizona, Estados Unidos, la chica que estaba a punto de cumplir 21 años de edad, había ido de visita a San José del Pacífico. Llevaba más de un año viviendo en la ciudad de Oaxaca, donde daba clases de danza árabe y pláticas sobre la equidad de género, además, era una abierta simpatizante de la APPO.
En muchos lugares de Oaxaca, cuando se conoció la noticia de su asesinato, se pensó de inmediato que algo tenía que ver el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, véase el caso de Brad Will y el de otros 23 opositores cuyos crímenes no han sido esclarecidos a la fecha.
Pero tres días después de la muerte de Sally, el procurador de Oaxaca, Evencio Nicolás, presentó en una conferencia de prensa al asesino: Omar Yoguez, un “activista de la cultura hippie” de 32 años apodado “El Franky”, con antecedentes penales por tentativa de violación. Ante reporteros, el funcionario se jactó del buen funcionamiento de la justicia en Oaxaca y dio a conocer sobradas evidencias del crimen.
No dijo sin embargo, que el caso había sido investigado y esclarecido no por agentes de la policía, sino por activistas de la APPO, amigos de Sally que después de indagar en el poblado de San José del Pacífico y en ciudad Universitaria de la UNAM, habían logrado encontrar las pruebas de que Yoguez había matado a la joven estadounidense, su amiga.
Y después de documentar la implicación de Yoguez en el crimen, los mismos “detectives” de la APPO, buscaron y encontraron al asesino saliendo de un evento celebrado en el auditorio Che Guevara de la UNAM. “El Franky” tuvo que aceptar que había matado a Sally.
Antes de dejarlo tirado en un paraje de la ciudad de México, donde lo recogieron agentes de Oaxaca a los que se les avisó que fueran por él, los “detectives” de la APPO no se aguantaron las ganas y le dieron una golpiza al asesino confeso de su amiga Sally.
Una golpiza, por cierto, al estilo de las de la policía de Ulises Ruiz Ortiz.
Sally Grace a la derecha.Sally Grace a la derecha.